jueves 2 de julio de 2009

Irán/Honduras: diplomacia de dos vías
John Saxe-Fernández, La Jornada, Jueves 2 de Julio de 2009.



“Si en Honduras la diplomacia de EU es de dos vías (Track II diplomacy) pronto se le verá la costura”, me dijo un conocido analista de las políticas de seguridad en América Latina, presente en la celebración, en República Dominicana, del centenario del natalicio de Juan Bosch. Se refería a mi observación de que las declaraciones de Obama y Clinton en rechazo tibio al golpe ejecutado por las fuerzas especiales del ejército hondureño contra el presidente Manuel Zelaya parecen la “vía I”, mientras ese cuerpo castrense, adiestrado y equipado en operaciones de “ataque y captura” por el Pentágono, realiza “la vía II”. Ello porque son alarmantes, aunque no inesperados, los engarces entre Barack Obama y George Bush II en materia militar y de seguridad, como la ampliación hacia México, Centroamérica y el Caribe del Plan Colombia por medio de la Iniciativa Mérida; la creciente militarización y para-militarización de la política exterior de EU por medio de operaciones abiertas y encubiertas contra países latinoamericanos y del Oriente Medio, como Venezuela, Bolivia, Ecuador e Irán, donde se localizan recursos naturales estratégicos; y en el ascenso, sin aparente freno, del poder, influencia y presupuesto del sector bélico-industrial, fenómeno que Bosch denominó “el Pentagonismo”.

A la larga y sangrienta historia de las guerras secretas de EU en el tercer mundo se añade lo que ocurre en Honduras, en un panorama con la violencia y caos desatados en torno a las elecciones de Irán, cuyos sucesos, como en el país centroamericano, se difunden al mundo desde la perspectiva muchas veces distorsionada, de la CNN y la BBC. En Irán, pese a los sermones de la Casa Blanca, es imposible no ver la costura de la vía II: mientras Obama regañaba al gobierno iraní por someter a sus opositores en las calles, Paul Craig Roberts ex subsecretario del Tesoro de Reagan, recordaba que, desde mayo de 2007 The Telegraph informó que Bush había autorizado “planes de la CIA para una campaña de propaganda y desinformación que intentaba desestabilizar y eventualmente derrocar” al régimen revolucionario de ese país y citó a John Bolton, ex embajador de Bush en la ONU, afirmando que “un ataque militar contra Irán sería una última opción que se ejecutaría sólo si fallaran las sanciones económicas y los intentos por fomentar un levantamiento popular”. A finales de ese año, según fuentes militares, legislativas y de inteligencia citadas por Seymour Hersh (New Yorker 29/06/08), el Congreso aprobó un presupuesto “para una gran ampliación de las operaciones clandestinas contra Irán” (Bush solicitó 400 millones de dólares) incluyendo la “actuación –de EU– junto a grupos de oposición, pasándoles dinero”.
La cúpula legislativa Demócrata avaló en secreto el complot y todo indica que Obama también, dejando a un lado las reticencias mostradas antaño por Harry Truman y Dean Acheson sobre el plan británico para derrocar a Mossadegh por nacionalizar el petróleo iraní. El desastre generado en 1953 por la CIA en Irán fue previsto por Acheson, cuando les espetó a John y Allen Dulles: “nunca tan pocos han sido capaces de perder tanto, tan estúpidamente, en tan corto tiempo”. Si en Irán Obama y su Consejo de Seguridad no tienen miramientos para seguir con el homicida plan de Bush, resulta más difícil pretender que el presidente no dio luz verde al regime change en Honduras, integrante de ALBA que impulsa la soberanía en política, economía y recursos naturales.

Para los demócratas continuar con el golpismo de Bush en Oriente Medio y en el continente americano conlleva un abrupto y abismal desgaste de legitimidad, credibilidad y grandes riesgos a la paz mundial. Obama pronto tendrá que decidir si es el “Presidente Constitucional” o si, como Nixon/Bush, es “el comandante-en-jefe de las operaciones especiales y clandestinas”. Como advirtió Zelaya, “si Washington no está detrás, estos golpistas no duran 48 horas”.

http://jsaxef.blogspot.com
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Añadir un comentarioPobre Diablo
José Angel Alvarez Quiñones
Los que venden su alma al diablo, suelen gozar de enormes privilegios que, al asumirlos, de todas formas les resultarán indigestos e insatisfactorios, el poco tiempo que duran. Obama tuvo la oportunidad de rescatar una mínima credibilidad para el gobierno y pueblo norteamericanos, pero la ha tirado a la basura, infructuosamente. A como se ven las cosas, Obama y sus titiriteros, los Bush, Runsfeld, Kissinger, Rockefeller y Brezinzky, la triada infernal, y Wolf, el Lobo; y más arriba, la cúspide de los Iluminati y el Emperador Rotschild,conduciéndolo todo. Pero lo único que ha evidenciado esta mafia de genocidas, es su ridícula capacidad estratégica. Haiga sido como haiga sido, su jueguito de Golpe ha logrado todo lo contrario de lo que esperaban. Hasta el gobierno Fecal se vió obligado a desconocerlo. Obama, Runsfeld, Sarkosy y otros, acaban de ser demandados ante el FBI, con pruebas contundentes, de crear deliberadamente la Pandia Mundial que está asolando al Mundo. ¿Caerán? Veremo
Responder a este comentarioExcelente
Susy
Maestro: Todos sus artículos en la red y libros simpre tan útiles de información. Cuando leemos sus producciones reconocemos que el país tiene gente tan valiosa como usted. Felicitaciones
Responder a este comentarioDOS VÍAS, UN SOLO OBJETIVO
Ulises
El fascismo de hoy en día se caracteriza por su doble discurso, o triple discurso (en México es muy claro este fenómeno). Según la ocasión es el discurso, pero en los hechos las acciones tienen los mismos objetivos, detras del golpe de estado en Honduras sin duda está Washington y la CIA (porque dicho gobierno golpista ya lleva más de 48 horas(sic)) aunque el gobierno de Obama lo niege de palabra; así mismo, detras de las agitaciones "populares" en Iran está Washington y la CIA. El objetivo es el mismo, defender el libre mercado, defender a sus empresarios, expandir el dominio económico y político anglosajón, acabar con los movimientos sociales y las luchas de los pueblos. Muy lucido su articulo, felicidades maestro: John Saxe-Fernández
Responder a este comentarioLo mismo pero al reves.
Alberto Espindola
Si con Bush fue la bravuconeria y el cinismo con Obama sera la hipocresia y el doble juego ...gulp ! ni a cual irle.
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sábado 20 de junio de 2009

Perú: genocidio y petróleo
John Saxe-Fernández, La Jornada, Jueves 18 de Junio de 2009.




Aunque consistente con su actuación histórica, es deplorable la complicidad de la oligarquía peruana y su régimen con los ambiciosos esquemas de reconfiguración territorial de Estados Unidos y los monopolios mineros y petroleros, por medio de políticas económicas y de seguridad que desembocaron en la masacre perpetrada la semana pasada por el gobierno de Alan García contra la población indígena. Dicha población, ocupante legítima de la vasta y rica región amazónica del Perú, ha venido protestando por varios decretos legislativos inducidos con jugosos préstamos del Banco Mundial, bajo el régimen de concesiones del Tratado de Libre Comercio entre Perú y Estados Unidos.

Los decretos atentan contra la Amazonia: al reducir la definición de patrimonio forestal, dejan en el aire unos 45 millones de hectáreas, 60 por ciento de los bosques de Perú, o bien permiten la disponibilidad de áreas naturales para facilitar concesiones forestales, mineras, petroleras y gaseras. Éstas y muchas otras son iniciativas que se vienen gestando desde la década de 1920 (Finer, Jenkins et al, 2008), pero ahora el acelerado agotamiento de recursos naturales que se detecta a nivel mundial, encabezado por los hidrocarburos y una gama cada vez mayor de minerales críticos y estratégicos, acrecentó la apetencia corporativa sobre una vasta e intacta región: la Amazonia occidental, que engloba partes de Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y el occidente de Brasil y que ya fue dividida en 180 bloques para la explotación de gas y petróleo en unos 700 mil kilómetros cuadrados incrustados en zona de gran biodiversidad, por siglos habitada y cuidada por culturas de honda tradición y conciencia ecológica.

En Ecuador y Perú, indígenas y residentes locales han tomado acción legal contra petroleras de Estados Unidos por haber lanzado miles de millones de litros de basura tóxica en las forestas. Ahora al menos 35 grandes empresas de gas y petróleo ya están operando en bloques que literalmente se clavan en la Amazonia occidental. El año pasado había 48 bloques en Perú y Alan García estaba a punto de entregar 16 más cubriendo 72 por ciento de la Amazonia peruana. Once bloques se localizan en las Zonas de Reserva Comunal. En torno a la matanza de García et al, el botín no es menor: ya empezaron a explotarse hallazgos recientes en Perú y en su frontera con Ecuador estimados en 500 millones de barriles de petróleo y en la región de Camisea hay cerca de 15 billones (trillions) de pies cúbicos de gas (op cit).

Se giraron órdenes de reprimir y matar: según Gregor McLennan, del programa Amazon Watch, todos los testigos dicen que las Fuerzas Especiales abrieron fuego sobre manifestantes pacíficos y desarmados, incluyendo ataques desde helicópteros, matando e hiriendo a decenas, en un intento orquestado de desbloquear los caminos. No fue un encontrón, dice McLennan, sino una coordinada redada con los policías disparando contra los manifestantes desde ambos lados de los retenes. En entrevista radiofónica con Amy Goodman, McLennan estimó que unos 500 elementos armados sorpresivamente abrieron fuego contra los manifestantes en el bloqueo carretero, cuando algunos de ellos todavía dormían. El gobierno y la CNN en español (¿Colonial News Network?) encubren o deforman el genocidio; docenas de cadáveres fueron lanzados al río Marañón y hay silencio total sobre los arrestados; así lo indican abogados defensores de los derechos humanos. Personal del hospital de Bagua Chica y Bagua Grande corroboró que el gobierno trasladó docenas de cuerpos a un lugar desconocido.

Con esta proeza, Alan García asienta su presencia en esa larga lista de carniceros del alto capital en América Latina. García es el cuchillo, porque los que llevan la batuta están en Washington y tienen como medios básicos para esta magna operación sobre la Amazonia occidental al Comando Sur, al Banco Mundial/BID y a cipayos locales que por sobornos, ejecutan y son cómplices de crímenes de lesa humanidad.

jueves 4 de junio de 2009

El puño visible del mercado
John Saxe-Fernández, La Jornada, Jueves 4 de Junio de 2009.


Cuando un ejecutivo de Exxon-Mobil ingresa a una junta en cualquier lugar del mundo, dice un conocido economista de Estados Unidos, no está solo: detrás de él está la Sexta Flota y la CIA. Más que ironía, el aserto indica algo profundo en la evolución del capitalismo en general y en las relaciones entre la superpotencia en crisis y la población de los Estados del tercer mundo en general, y de América Latina en particular, con jurisdicción sobre vastos territorios y recursos naturales. Me refiero a la simbiosis Estado-empresa y su relación con la creciente militarización, para-militarización e intervencionismo –abierto y clandestino– de la política exterior de Estados Unidos del Bravo a la Pagatonia, después de la Segunda Guerra Mundial.

Encubrir el imperialismo de operaciones realizadas desde las instituciones de Bretton Woods (FMI-Banco Mundial, etc.) se tornó más difícil porque conllevan la acción conjunta del aparato de seguridad (Pentágono, CIA, etc.) primero al amparo del anticomunismo de la doctrina de seguridad nacional y su enemigo interno. Luego del colapso de la URSS el disfraz mudó a campaña contra narcotráfico, crimen organizado y a cruzada antiterrorista –por el 11-09– con la guerra preventiva y la doctrina de las fronteras flexibles, que ya se expresó el primero de marzo de 2008 en el atropello de la soberanía ecuatoriana en Sucumbíos, perpetrado bajo el Plan Colombia por el Comando Sur (CS). En la Estrategia para 2016 del CS se alientan esfuerzos conjuntos entre actores estatales y privados, designación que incluye a empresas y ONG favorables a los intereses de Estados Unidos en un teatro de operaciones en el que destaca la participación de fuerzas especiales, es decir, instrumentos de Estado de corte paramilitar que realizan atroces operativos de terror que hacen trizas el derecho penal internacional.

La experiencia colombiana en torno a la simbiosis Estado-empresa adquiere relevancia ante la negativa de Ecuador de renovar la autorización para la base de Manta, por lo que se consideran contratos para una nueva en Colombia con más capacidad para intervenir a lo largo de casi toda América Latina. Además, con la Iniciativa Mérida, Estados Unidos financia e incita la extensión del brutal modus operandi del Plan Colombia hacia México y Centroamérica. Aunque la criminalidad de Estado y sus vínculos con el mercado (empresas) no es algo nuevo en la región, destacan sus expresiones recientes como la consignada en un juicio en Alabama del bufete Conrad & Scherer, en el que acusa a Drummond Company Inc –carbonífera que explota yacimientos en el norte de Colombia– de transferir millones de dólares a un grupo paramilitar definido como terrorista por Estados Unidos. Según Nadja Drost, de Global Post, se trata del Bloque Norte de las derechistas Fuerzas Colombianas de Autodefensa (FCA) contratadas para ofrecer servicios de seguridad de su línea férrea, por ataques de guerrillas izquierdistas. Según Conrad & Scherer, las FCA aterrorizaron a las comunidades a lo largo de esa vía, usada en el transporte de carbón hacia un puerto de exportación y realizaron múltiples atrocidades, incluidas masacres y ejecuciones sumarias cuyas víctimas han sido arrojadas a fosas comunes, provocando el éxodo de miles de familias de territorios de colosal valor y riqueza.

Los abogados de Conrad & Scherer dicen que este financiamiento le permitió a estos grupos paramilitares crecer exponencialmente y ejercer poder sobre las poblaciones cercanas al ferrocarril; documentan que entre 1999 y 2006 los paramilitares asesinaron a cientos de civiles para proveer de seguridad a Drummond y ofrecen testimonios de participantes directos en las reuniones entre el alto mando paramilitar y ejecutivos de alto nivel de esa empresa, para la ejecución de las matanzas y el asesinato de tres líderes sindicales ordenado por la cúpula de Drummond. Se han realizado juicios similares contra los monopolios Dole Food Company de California y la bananera Chiquita.

domingo 24 de mayo de 2009

Desfases

John Saxe Fernández, La Jornada, Jueves 23 de Mayo de 2009.



En una época de crisis y transición hegemónica como la que vivimos, son frecuentes, riesgosos y patéticos los desfases y los cruces entre una realidad que cambia estructuralmente y la terquedad de inercias con su retórica, paradigmas e intereses que corresponden a situaciones históricas que se desvanecen o mutan con inusual ímpetu. Son desfases que exigen atención porque afectan áreas críticas y conexas: economía, política y seguridad.

Con un retroceso del PIB mexicano del 5 al 6 por ciento es de alta explosividad social la ausencia de políticas anticíclicas vigorosas y generalizadas que apoyen al aparato productivo, a su sector industrial, agropecuario, de servicios y responda a la baja demanda interna y externa asociada a la crisis económica y financiera mundial.

Es un desacierto agravado por el brote del H1N1 que, como apunta S&P, impacta al comercio minorista, turismo, financiamiento hipotecario, industria automotriz y de la construcción. Que la actual política fiscal y monetaria condena al país a una contracción mayor, lo saben voceros de Moody’s y Standard and Poor’s (S&P), conocidas firmas calificadoras. Alfredo Coutiño, de Moody’s notó que “el gobierno (de México) no generó la flexibilidad fiscal suficiente –gasto– para mitigar el impacto de un choque externo” y que el Banco de México no sincronizó su política monetaria al estímulo fiscal a tiempo, a pesar de la clara evidencia de recesión. (La Jornada, 15/5/09, p. 28). Pero nuestros hacendistas tan sujetos a la condicionalidad externa no lo ven así, como el borrachito aquel que, cuando el festín neoliberal acabó, la orquesta calló y es otro día, sigue brindando, lanzando cohetes y confeti.

Pero no es el espectáculo chusco ofrecido por los neoliberales, sino los ruinosos efectos humanos y ecológicos de su sometimiento a Estados Unidos, por el desempleo, pobreza, insalubridad, devastación ambiental, polarización, informalidad económica y criminalidad que acicatea su diseño procíclico de políticas fiscales, monetarias y reformas estructurales, que Estados Unidos y Europa recetan a otros pero consideran un suicidio para sus sociedades y economías. A Washington esos efectos sirven como excusa para imponer regímenes de excepción neo coloniales en México, Colombia y Centroamérica.

Agréguese a la caída económica el colapso de legitimidad del calderonismo y se tendrá un indicio del monumental error histórico y geoestratégico que, como documenta Alfredo Jalife, acarrea la conjunción de la reforma energética y la integración militar con Estados Unidos por medio del Comando Norte. Además, la militarización de la campaña contra el narco desgasta y polariza al Ejército y la función de Defensa nacional.

El ex senador Manuel Bartlett recién advirtió que esa reforma es una privatización de facto para pseudolegalizar el contratismo desatado en Pemex. Lo que ocurre en un contexto de integración militar bajo la Iniciativa Mérida (IM), dado el despliegue terrestre y marítimo de las operaciones de la paraestatal. Semejante al Plan Colombia, la IM nos abre a la intervención/ocupación extranjera abierta o disfrazada, con efectos de gran riesgo para los derechos humanos y la soberanía.

En ese contexto es preocupante lo que ocurre en Pemex: según la senadora Rosario Ibarra de Piedra, desde hace dos años en Nuevo León se registraron “38 desapariciones de personas pertenecientes o vinculadas al sindicato petrolero… las desapariciones de petroleros tienen que ver con policías y soldados, con órdenes de alto nivel”. (La Jornada 17/5/09, p.5). Es una criminalidad de Estado (interna y/o externa) para anular el rechazo a la entrega de la renta petrolera a firmas nacionales y extranjeras como Halliburton, cercana a R. Cheney.

Finalmente debe considerarse el acople y posterior desfase de procesos que afectan la ecuación cívico-militar. En Estados Unidos se cancela por inoperante, la noción de guerra contra el narco, mientras al sur sigue como pantalla del intervencionismo del Pentágono y del entreguismo de Calderón.

jueves 7 de mayo de 2009

La geoestrategia del terror
John Saxe-Fernández, La Jornada, Jueves 7 de Mayo de 2009.



Ante el embate de la crisis se agudiza la discrepancia entre una realidad signada por el desempleo, cierre de empresas, bancos y aseguradoras y la retórica a favor del free trade y las privatizaciones: hace poco, cuando Luis A. Moreno, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), censuró el estatismo y el populismo de algunos gobiernos, parecía una insólita crítica a los colosales rescates bancario-empresariales y al dirigismo de la Casa Blanca de Barack Obama que por esos días forzaba la renuncia del CEO de General Motors. Digo insólita porque el BID junto al Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, es parte y parcela, con el Pentágono (DdD), la CIA, AID y la DEA, de los instrumentos disponibles al Ejecutivo de EU al sur del Bravo.

Pero no. Moreno dirigía su crítica a Venezuela, Bolivia y Ecuador, que, por su estatismo y populismo, fueron colocadas por el almirante Dennis Blair, director de la Inteligencia Nacional, en la categoría de amenazas a la seguridad estadunidense en la región, junto a Cuba, China, Irán y Rusia. Blair apunta su dedo acusador desde la coordinación de espionaje de la mayor burocracia estatal-militar de la era moderna, cuyo presupuesto rebasa el billón (trillion) de dólares y que opera la geopolítica del terror, con dos campos de prueba: el Plan Colombia y su extensión en la Iniciativa Mérida (IM).

A más de una década del Plan Colombia, existe evidencia ad nauseam de atrocidades y crímenes de lesa humanidad para exigir su enjuiciamiento-supresión y conjurar su clonación en la IM: el reciente informe Impunidad uniformada, de Human Rights Watch sobre el uso indebido de la justicia militar en México para investigar abusos cometidos durante operativos contra el narcotráfico y la seguridad pública, es una fuerte llamada de atención. Al respecto son abrumadores los documentos, reflexiones y testimonios ofrecidos por Hernando Calvo Ospina (Terrorismo de Estado en Colombia, el Perro y la Rana, Venezuela, 2007) sobre el patrocinio y participación del DdD en el uso del terror por medio de las Fuerzas Armadas colombianas (FA) y de unidades paramilitares, el brazo clandestino del Estado –estadunidense y colombiano–, en la ejecución de crímenes de guerra contra una población inerme. Ello como estrategia de control territorial y poblacional permanente y complementario de la política contrainsurgente, según informe de 1997 de la alta comisionada de la ONU.

Hasta 1994 las FA eran responsables de la mayoría de las masacres. Para evitar el hundimiento de la actuación e imagen del principal aliado militar de EU en América del Sur y con el aval de los gobiernos de Bush padre y de Clinton, se desplegó una campaña para hacer lucir al paramilitarismo como un tercer actor en el conflicto interno. Washington y Bogotá se esforzaron por presentar esa aberración como un electrón libre, cuya violencia no podía ser controlada: el Estado pasaba a mostrarse como víctima de los violentos, tanto como la población (p. 257). Los paramilitares se convirtieron en el brazo ilegal de la fuerza pública para la que ejecutan el trabajo sucio. Según el Congreso del Defensor del Pueblo es una nueva forma de ejercer la represión ilegal sin cortapisas que algunos llaman la violencia por delegación.

Los hechos muestran la activa acción de las Fuerzas Especiales y contratistas-mercenarios de EU en el esquema mientras que, de manera sistemática, las FA no se movilizan para evitar las matanzas, sino que aportan a su realización como se asume en los esquemas de dominio geoestratégico del Pentágono y su Comando Sur. Lo esencial de la geoestrategia del terror, de acuerdo con un documento del Departamento de Estado, está en el dominio sobre zonas ricas y estratégicas que, como la de Urabá, no sólo produce 60 por ciento del banano, sino que contiene gigantescas reservas madereras, pesqueras, oro, plata, platino, cobre, titanio, cobalto radiactivo, gigantescos recursos petroleros, y una biodiversidad casi sin igual en el mundo (p.188).

sábado 25 de abril de 2009

Obama: carisma y sustancia
John Saxe-Fernández, La Jornada, Jueves 23 de abril de 2009.



Aunque los estilos contrastan, con la primera visita de Barack Obama a México sucede algo semejante a como Bush inició su gobierno: ambos hicieron aquí proclamas de gran impacto militar y geoestratégico, pero la magnitud del mensaje pasó casi desapercibida. En 2001 Bush usó el lenguaje de los hechos militares y desde nuestro territorio ordenó un ataque aéreo contra Irak: un anticipo del encadenamiento de operativos que desembocarían en la agresión a Afganistán y la petroguerra, genocidio y ocupación de Irak.

Fue un evento macroliminal, es decir, un estímulo tan grande, que muchos no lo captaron. También pasó con la visita relámpago de Obama al Distrito Federal, en ruta a la cumbre de Trinidad y Tobago. La escala fue percibida como un acto sin consecuencia por el estilo del mandatario, quien siguió la tradición de Teddy Roosevelt del speak softly, but carry a big stick (habla suave, pero lleva un gran garrote). Al revés de Bush, Obama fue tan tenue en sus dichos, tan subliminal, que la dimensión sustantiva del recado a México, Latinoamérica, el Caribe y el mundo permaneció envuelto en el velo de sonrisas, juventud, buenos deseos y carisma, que también llevó a Puerto España.

De paso en México, casi como por casualidad, ratificó a los medios lo que anunció como candidato: que con la Iniciativa Mérida su gobierno apoyaba a Calderón contra el narcotráfico y crimen organizado. Por ser la iniciativa calca del Plan Colombia, un represivo y corrupto esquema de invasión y ocupación con fuerza militar, paramilitar y mercenaria en curso en ese país, lo dicho por Obama merece traducción: permanecerá la primacía de los dispositivos castrenses y de seguridad (Pentágono –DdD-, CIA, DEA, etcétera) en la proyección de poder estadunidense al sur del Bravo y en aquellas regiones del mundo que, por sus recursos naturales se consideran de interés vital para Estados Unidos, sus contratistas y grandes firmas. El embajador Carlos Pascual es parte de eso.

Esta postura privilegia acciones y diseños que comportan enormes erogaciones militares para la estabilización y reconstrucción, es decir, para operativos de invasión y ocupación por los recursos. Inmune al gran déficit fiscal y la megacrisis económica, en 2010 el DdD gastará 534 mil millones de dólares (mmdd), un aumento de 4 por ciento, más 130 mmdd en Irak y Afganistán. C. Drew y E. Bumiller desde el International Herald Tribune (6, 4/09) sintetizan en qué consiste el nuevo diseño elaborado por el secretario de Defensa, Robert Gates: se rebajan gastos para conflictos convencionales con Rusia y China junto con reducciones o eliminaciones de fondos para sistemas de armamento avanzado (balísticos, aéreo-espaciales, etcétera) y se aumentan las partidas para más efectivos al Ejército y cuerpo de marinos, manteniendo al personal que iba a ser removido en la fuerza aérea y la marina, así como mayor apoyo al espionaje, vigilancia y aviones no tripulados (Predator, Reaper y Drones), como los propuestos para México por el almirante Müllen, jefe del Estado Mayor y que Obama, el Comander-in-Chief, en violación del derecho internacional, lanza hoy sobre Afganistán, Pakistán e Irak con decenas de bajas civiles, pánico y huida de miles de ellos. Como se asignan más fondos a las fuerzas especiales y la guía de ejércitos extranjeros, Michael T. Klare (The Nation, 4 mayo de 2009) ve símiles con las funestas invasiones, operaciones encubiertas y contrainsurgencia de Kennedy.

Finalmente, Gates compra más naves de guerra para litorales que usaría la Cuarta Flota en ríos navegables y cuencas como el Amazonas, Orinoco, etcétera, y pospone la reducción de la marina de aguas profundas hasta 2040, a fin de mantener presencia en las líneas de comunicación marítima donde transitan mercancías, combustibles, entre otras materias primas vitales, desde y hacia Oriente Medio, Japón, Rusia, China, India, África, América Latina y Europa.

Con Obama, estilo y carisma importan. Pero mucho más la sustancia.

martes 14 de abril de 2009

América Latina: ¿Reserva Estratégica de EUA?
Síntesis en Revista Osal N.25, Buenos Aires, Clacso Año X, Abril 2009
John Saxe-Fernández

1 Preámbulo. La Dependencia Estratégica
Los referentes empíricos e históricos a los que apunta el concepto de “dependencia estratégica”, aunque presentes en la experiencia de civilización humana y su relación con el uso y transformación de los recursos naturales por el
desarrollo de la agricultura, la metalurgia y el empleo de los combustibles fósiles, están fuertemente engranados con la mecanización e industrialización civil y militar experimentada por el capitalismo en el periodo posrenacentista y de manera particular e intensa con el arribo del carbón, uno de los detonantes de la era industrial, abriéndose la posibilidad de un nuevo principio de acumulación: la implementación de energía obtenida físicamente.
La experiencia de mediados del Siglo XVIII a la fecha muestra que el cuadro de estratificación de poder de las relaciones internacionales está fuertemente impactado por la productividad industrial. El acceso, control y utilización de los combustibles fósiles, (carbón, petróleo, gas natural), la producción de hierro y acero y de un amplio espectro de materias primas no sustituibles localizados en la periferia capitalista como bauxita, cromo, cobalto, cobre, manganeso, níquel, zinc y uranio, entre muchos otros (ver cita L) son parámetros básicos utilizados en la ciencia social para determinar el potencial militar e industrial entre las naciones.
Como la demanda de recursos, incluyendo en tal categoría todas las materias primas y todo tipo de deshechos crece en proporción a la expansión de la producción, al dar inicio la segunda década del Siglo XXI parecen más nítidas las advertencias sobre los límites materiales y ambientales al expansionismo capitalista, gestándose desde décadas atrás, un predicamento en el que las necesidades de los países “desarrollados” en general y de Estados Unidos (EUA) en particular, representan una fuerte carga tanto para los recursos planetarios, que son finitos, como para la ecuación ecológica planetaria, requerida para el funcionamiento y permanencia del vulnerable y delicado marco de referencia “bioquímico” en que se sustenta la actividad humana sobre la corteza terrestre.
En los estudios convencionales se interpreta el consumo de combustibles fósiles, de la hidroelectricidad, y la nucleoelectricidad, como un indicador básico para determinar el grado de industrialización de cualquier nación. Según esta perspectiva, así se muestra la capacidad técnica para explotar la energía y se refleja la intensidad del ritmo económico. La situación es más compleja porque no se consideran los costos al medio ambiente, su protección y defensa y porque se desestima el grado en que los guarismos indican la intensidad del “derroche” energético, de metales y minerales, en los países capitalistas centrales.

2. Recursos naturales y Guerra
La guerra es un fenómeno complejo y multifactorial, repleto de incertidumbre. La inmensa literatura sobre la temática plantea perspectivas políticas y militares aisladas, dejando a un lado la incidencia en su etiología de las fuerzas productivas que son las que, con su industrialización en masa y el empuje de la Investigación y Desarrollo, se manifiesta en mortíferos y ecológicamente devastadores despliegues aéreos, terrestres y marítimos. Por ello conviene tener presente que la tecnología propia del proceso de industrialización tornó primordial al logro “interés nacional” el acceso al carbón, hierro así como una amplia gama de materias primas (ver adelante). La intensificación y mayor densidad en los flujos de mercancía, capital y tecnología experimentados con altos y bajos durante el posrenacimiento ocurrió entre el caos y el orden, en ecuaciones cambiantes de poder donde, en especial a lo largo de los Siglos XIX y XX, el dominio de la tecnología, el acceso a una vasta reserva de recursos humanos y materiales resultó central en la ecuación internacional de poder. El acceso a esos recursos, dentro y/o fuera de la respectiva jurisdicción nacional se posicionó, con creciente intensidad, como eje alrededor del cual giraría cualquier intento serio de entendimiento de los intereses materiales de las clases dominantes y para ponderar las necesidades, fortalezas o vulnerabilidades objetivas de los aparatos bélico-industriales. En los últimos doscientos años su impacto en el desarrollo del conflicto internacional en general y en la etiología de las guerras en particular, ha sido decisivo.
La vinculación entre los asuntos de “seguridad” y las carencias de materia prima no es historia nueva, pero durante el siglo XX con la masiva y penetrante “modernización” militar alcanzada, registra un nuevo orden de magnitud, en especial en EUA después de la vasta movilización bélico-industrial de la Segunda Guerra Mundial, misma que muchos han visto como el “ariete” anti-recesivo que costó cerca de 70 millones de vidas y que “rescató” a la economía mundial de la Gran Depresión.
Esa movilización profundizó todavía más la simbiosis entre los grandes monopolios que se fueron gestando a lo largo de los siglos XIX y XX y la experiencia institucional desarrollada desde la fundación de esa nación bajo lo que se conoce como la “presidencia imperial”. Como lo hemos indicado en otra oportunidad , a la luz de la experiencia histórica de dos guerras mundiales y de masivas evidencias documentales, los procesos que se desarrollan alrededor del fenómeno de la “dependencia estratégica” son imprescindibles en todo intento de elaboración conceptual porque, después de todo, la dinámica de la economía industrial capitalista, tal y como ella se ha expresado hasta ahora, ha sido de tal naturaleza que la necesidad de nuevas fuentes de materia prima, mercados y suministros frescos y baratos de mano de obra se amplía constantemente, desempeñando un papel preponderante en todas las etapas del conflicto internacional y en las crisis económicas.
En la era de armamentos nucleares, químicos y biológicos, capaces de ser desplegados desde aire, mar y tierra por medio de la cohetería balística y anti-balística de alcance corto, mediano e intercontinental, es de enorme importancia esclarecer el papel de factores político-institucionales, como los vínculos entre la “presidencia imperial” y los intereses de fracciones del alto capital, en particular en sectores clave como el energético (empresas del petróleo, carbón, gas natural), automotriz y bélico-industrial. Es un sistema que, a decir del politólogo Marcus Raskin opera bajo el principio de que “el gobierno es un negocio y los negocios son el gobierno”.
De igual prominencia sobre la etiología bélica y el orden de probabilidad de su intensificación a nivel local, regional o entre potencias centrales, lo es la dimensión geoestratégica. Ello adquiere un sesgo de alta significación y urgencia cuando, como ocurre en nuestro tiempo, se detecta una acelerada crisis hegemónica estadounidense. Un asunto central a determinar es si el “hegemón” se preocupa por evitar procesos o la gestación de eventos y dinámicas que adquieran un ímpetu propio y que conduzcan a los desenlaces contemplados en el escenario planteado por Falk,( ver adelante) o si, por el contrario, opta con el “brinkmanship”, es decir, la toma de riesgos de guerra general terminal para “persuadir” a los adversarios, como se experimento durante la Guerra Fría y como queda hecho explícito en el proyecto estadounidense de desplegar su sistema antibalístico nacional en Polonia y la República Checa. Al respecto conviene recordar, con Einstein, la naturaleza “Terminal” de una Tercera Guerra Mundial.
En esta esfera y a la luz de los procesos que desencadenaron dos guerras mundiales durante el siglo XX, el manejo racional y equilibrado de la crisis hegemónica, en particular aquella relacionada con la “dependencia estratégica” es crucial, por la centralidad del petróleo, minerales y metales en el funcionamiento industrial y militar. Como bien lo percibió Richard Falk en 1979, en un trabajo dedicado a explorar cómo una Tercera Guerra Mundial podría iniciarse en torno a la disputa por el petróleo en el Oriente Medio:
…las guerras generales en el pasado siempre han ocurrido cuando una gran potencia trata de compensar su declinación económica y política recurriendo a instrumentos decisivamente militares. En estos momentos, creo que el liderato estadounidense está tratando, cada vez con más vigor, de neutralizar una realidad creada y expresada en la debilidad del dólar en la esfera económica y por la pérdida de control sobre el Tercer Mundo en términos de recursos naturales. Estados Unidos está tratando de vencer esa debilidad por medio de la superioridad militar, y es en el contexto de tratar de enfrentar la desventaja política y económica buscando la superioridad militar que las guerras más horribles…han ocurrido.

La observación es más significativa si se tiene presente que ese análisis se hizo pocos meses antes de la enunciación de la Doctrina Carter que fue el fundamento de la “guerra de autosuficiencia anticipatoria” que forma parte central de la Estrategia de Seguridad anunciada por Bush hijo en septiembre de 2002. Se trata de la más grave violación al derecho internacional contemplada por la normatividad derivada de los Juicios de Nuremberg. En 1979 eran contundentes los indicios de la crisis de acumulación del capitalismo, cuyo despliegue se confirma en el descalabro económico-financiero que, al cerrar la primera década del siglo XXI, abate a la economía de EUA y del mundo.
Por ello el manejo soberano de los recursos naturales en contextos bien definidos por el derecho internacional público resulta crucial, tanto desde la perspectiva de la paz mundial como de los equilibrios ecológicos. Así lo reiteraron en 2008 las naciones organizadas en torno a la Unión de Naciones de América del Sur (UNASUR). De aquí también que el reconocimiento del papel de la “dependencia estratégica” en la etiología de las guerras sea crucial. Al finalizar la década de 1970 Richard Barnet percibió este asunto así:
Ya está en curso una lucha global sobre la distribución de los recursos naturales. Un asunto político vital es si quienes detentan el poder del presente sistema de recursos controlará el próximo. La guerra ha sido la forma favorita usada por las grandes potencias para solucionar sus necesidades de recursos. Si se desata otra guerra mundial, lo más probable es que el conflicto ocurrirá en torno a lo que los estados industriales consideren los elementos de supervivencia. El petróleo, desde luego, pero también el hierro, cobre, uranio, cobalto, trigo y el agua.
Ciertamente el éxito logrado por el paradigma leninista, que incluye todas las fuerzas presentes en la creación del producto social, sobre el clausewitziano ,que enfatiza la dimensión político-militar para explicar a nivel de ciencia social los procesos que conducen a la guerra y el conflicto se debió fundamentalmente a su más estricta inmanencia. Además, explicitó condiciones objetivas en el sistema de relaciones internacionales cuando ya el proceso de industrialización experimentaba grandes avances.
Es sobre la base de esa inmanencia, ampliamente corroborada por analistas entre quienes sobresale Michael T. Klare, que en este trabajo se propone que: a) el surgimiento de cualquier guerra particular no es necesariamente un acto deliberado de un actor claramente definido. Las naciones pueden ser compelidas hacia la guerra por fuerzas objetivas internas y eternas, actuando en un sistema de intereses de clases en conflicto: existen factores, como un embargo en el abastecimiento de un bien esencial como el petróleo o el agotamiento de la reserva petrolera, que arrastran y actúan sobre el sistema de intereses de clase, y estas fuerzas pueden desatar ciertos acontecimientos sobre los cuales pueden tener poco o ningún control quienes deciden; y b) las guerras, las operaciones encubiertas y los golpes de estado, usados por las potencias como parte de su arsenal para el apoderamiento de los recursos naturales, pueden tener consecuencias totalmente imprevistas para las mismas clases sociales en cuyo nombre e interés fueron iniciados, financiados y llevados a cabo.
Antes de la Primera Guerra Mundial, por ejemplo, Alemania importaba el 25% del hierro y del plomo consumidos, y cerca del 78% del cobre, mientras que sus suministros principales de plomo y zinc provenían de regiones poco confiables, bajo el control del imperio británico. Se calcula que cerca de diez millones de trabajadores industriales (aproximadamente el 40% del total) se mantenían gracias a actividades directamente vinculadas con la materia prima importada. Naturalmente, la interpretación histórica contemporánea sobre las causas de la Primera Guerra Mundial considera no sólo los aspectos políticos y militares sino también los económicos. Entre los estudios recientes más destacados puede mencionarse el de Fritz Fisher , quien ha presentado abundantes pruebas de que la decisión alemana por la opción bélica obedeció a su desesperado intento por lograr una posición global similar a la belga y la inglesa, sobre la base de instrumentos militares que le permitieran vencer su dependencia de materia prima vital. El autor muestra que, en efecto, entre los objetivos militares de primer orden figuraban las campañas destinadas a la “toma” del hierro de la Lorena francesa, el manganeso, el carbón y el hierro de Ucrania, así como otros recursos estratégicos de Bélgica, Turquía y de las colonias africanas.
Así, la dependencia estratégica ocupa un lugar central entre las fuerzas y factores presentes en la etiología de acontecimientos internacionales de tipo bélico. A nadie escapa el papel de la “dependencia estratégica” alemana en los años treinta, por ejemplo en su déficit de petróleo y hierro requeridos por el rearme y expansionismo militar. Alan Millward, muestra que en esa época Alemania, bajo la movilización bélico-industrial nacionalsocialista, como parte de su respuesta a la humillación de Versalles, se transformó en la principal potencia industrial en Europa. Su ejército surge como el más poderoso en un momento en que, como señala Deighton , la fuerza de trabajo, la generación de energía y la máquina de vapor conformaban el fundamento de la prosperidad y del poder:
Los campos carboníferos alemanes eran inmensos, su población grande y capaz, pero no contaba con abastecimientos petrolíferos. Aunque sólo un sector de punta del Ejército utilizaba tanques y vehículos blindados la economía como un todo se hacía más y más dependiente del transporte motorizado. A pesar de la captura y control de campos petroleros y de la producción de combustible sintético, el suministro petrolero se mantendría como un problema constante para Alemania.
Aún más, según los altos responsables de la economía y del aparato militar, ante una importación del 75% del petróleo consumido, la toma y control de los vastos recursos naturales y petroleros de la Unión Soviética eran según ellos, una necesidad impuesta por la “dependencia estratégica”. Desde junio de 1936, varios años antes de la brutal operación Barbarosa contra Rusia, el general von Fritsch ordenó la realización de un estudio sobre las necesidades financieras, de fuerza de trabajo y en particular de recursos naturales. En un apéndice del estudio se mostró que el factor más delicado y vulnerable era la falta de petróleo y la infraestructura para almacenar al menos un millón de toneladas. Según la tasa de consumo en un escenario de guerra, aún tomando en cuenta la producción de petróleo sintético, Alemania sólo podría pelear por siete meses. Además su dependencia estratégica no se restringió al petróleo: importaba el 90% del estaño, 70% de su cobre, 80% del hule y 99% de la bauxita. El estudio, con la apropiación violenta de los recursos en mente, articulada bajo los parámetros de la “dependencia estratégica”, advierte que “sólo los recursos de la Unión Soviética le permitirían a la máquina bélica alemana continuar la guerra”.
La competencia franco alemana por Alsacia-Lorena fue motivada esencialmente por los depósitos de hierro más grandes de Europa. De igual manera, la controversia entre Polonia y Alemania por la Alta Silesia difícilmente podría explicarse en forma cabal como manifestación de puro sentimiento nacionalista o de un ente denominado “imperativo territorial”, misteriosamente engranado en el aparato genético de los pueblos, porque ciertamente comportó el control no sólo sobre el mayor yacimiento europeo de carbón sino también de vastos depósitos de plomo y de zinc, todos ellos vitales para la expansión industrial durante las primeras décadas del siglo XX.

3. La Centralidad bélico-industrial de la dependencia estratégica
La movilización bélico-industrial, que exige el acceso a una amplia gama de materias primas, junto con el crecimiento del mercado mundial desde las primeras décadas del siglo XX, impulsó un alto grado de interdependencia entre los estados nacionales europeos. Pero la interdependencia también significaba tanto en el contexto europeo como mundial, que algunos estados industrializados eran más dependientes y vulnerables que otros, debido, entre otras razones, a que la distribución de depósitos minerales y de combustible corresponde a ordenamientos geológicos que nada tienen que ver son las divisiones territoriales existentes. No extraña entonces que entre los estados capitalistas, los más dependientes de materias primas estratégicas y de mercados externos, como Alemania, Japón e Italia, resultaron los más beligerantes, internacionalmente agresivos y expansionistas. Inglaterra y EUA ya por entonces contaban con accesos asegurados por medio de esquemas político-económicos y militares de corte imperialista, a los recursos en ultramar: el “Imperio” en el primer caso, y la expansión del “espacio vital” estadounidense sobre América Latina bajo los auspicios del monroísmo de la “presidencia imperial”.
La ausencia de una base interna diversificada de materia prima adquirió mayor peso en el sistema de conflicto de la Europa continental después de la Primera Guerra Mundial, paralelamente con los desarrollos sociales y económicos propios del proceso de industrialización. Las relaciones entre las deficiencias minerales y de combustible y los procesos que culminaron con la Segunda Guerra Mundial son complejas, ya que comprenden tanto los conflictos sociales internos y las tendencias de la economía hacia “soluciones” bélicas de la crisis, como los elementos ideológicos, entre los que destacaba el fanatismo nazi-fascista. Pero la “dependencia estratégica” desempeñó un papel imposible de soslayar. “En cuatro años”, escribía Adolfo Hitler en un memorándum de 1936 en el que discutía la dependencia estratégica teutona,
…Alemania debe ser completamente independiente de otros países en lo que respecta a aquella materia prima que nosotros mismos podremos producir con la habilidad alemana, utilizando nuestra industria química y mecánica y por medio de nuestra industria minera.

Simultáneamente con un dinámico proceso de rearme, el reconocimiento de la “dependencia estratégica” llevó a Hitler y su gabinete a elaborar todo un programa ideológico centrado en dos objetivos principales que, en el terreno de la guerra y del expansionismo aglutinaron, a decir de Eischoltz, “… a la camarilla de Hitler y a todos los monopolios y grupos monopolistas importantes: a) el desmantelamiento de Versalles y b) la incautación de un nuevo espacio vital”.
Como paso inmediato para enfrentar su “dependencia estratégica” planearon un vasto programa de invasiones y ocupación territorial contra Austria, Polonia y la URSS para apropiarse de su fuerza de trabajo, infraestructura industrial e inconmensurables riquezas naturales y erigir una Grossraumwirtschaft (economía de grandes áreas), europea y de ser posible un gran imperio colonial africano.
El programa incluye una germanización de la Doctrina Monroe aplicada por EUA en América Latina . Inspirados en la doctrina y en la práctica del monroísmo estadounidense, los ideólogos del nacional socialismo procedieron a una elaboración doctrinaria que justificara la aplicación de una agresiva e intervencionista política internacional centrada casi exclusivamente en el impulso e interés de los grupos dominantes del capital monopolista. Carl Schmitt, como bien apunta Neumann, surgió como la voz cantante del grupo revisionista del nacional socialismo y encabezó la tarea de reformular y adaptar la Doctrina Monroe a las necesidades del capital monopólico alemán porque la consideraba como “el ejemplo más afortunado de un principio en gran escala de derecho internacional”. No extraña que estas nociones hayan resultado atractivas entre los altos círculos empresariales y de seguridad nacional de EUA, entre otras razones por la hermandad entre las doctrinas de las grandes áreas económicas y la doctrina Monroe, cuya primera gran experiencia, a nivel continental y territorial fue precisamente a costa de vastos territorios mexicanos: una magna operación articulada, como lo ilustra Arthur Schlesinger, bajo la presidencia imperial de James Polk.
El programa nacionalsocialista se orientó a transformar a Europa en su “reserva estratégica” de fuerza de trabajo y recursos naturales, como Washington lo hacía con Latinoamérica y el Caribe, ello como parte de un esquema económico-industrial que, lejos de apoyar una difícil autosuficiencia, se encaminó al almacenaje de la materia prima adquirida del exterior para mejorar las capacidades bélicas, necesarias precisamente para la ampliación del “espacio vital” (Lebensraum) de la base de recursos naturales. Para Hitler et al, la “solución definitiva” a la dependencia estratégica consistió en “…una extensión de nuestro espacio vital, es decir, una ampliación de la base de materia prima y de alimentos de nuestra nación”.
Haciendo referencia al papel crucial en la dinámica histórica de los recursos naturales en general, y de la energía en particular, William L. Shirer ha mostrado abundantemente el papel de la dependencia estratégica en la conducción de los programa bélicos del régimen nazi, mostrando que su éxito se basó no tanto de sus divisiones de infantería, sino de sus tanques y de su fuerza aérea, que, a su vez, dependían del petróleo:
…bajo el mando de Hitler el toque consistió en desarrollar la autosuficiencia alemana en dos materiales sin los que la guerra moderna no podía pelearse: la gasolina y el hule, los cuales habían tenido que importarse. El problema de elaborar gasolina sintética del carbón ya se había solucionado (por los científicos de la compañía Farben) a mediados de los 20. Después de 1933 el gobierno nazi le dio la luz verde a Farben para la elaboración de petróleo sintético, y giró instrucciones para elevar la producción a 300 mil toneladas para 1937.

Con el inicio de las operaciones bélicas, la situación relativa a los recursos naturales se tornó crucial. Albert Speer, el ministro de armamentos de Hitler, dejó un relato bien documentado sobre el impacto de la dependencia alemana de minerales en la elaboración de los planes de “diplomacia coercitiva” (guerra sicológica y política) y de guerra, así como su impacto en los criterios y razonamientos del primer círculo del dictador. Los requerimientos de la industria bélica en torno a minerales como el manganeso, el níquel, el molibdeno, el silicón y el cromo, entre otros, fueron centrales en los planteamientos de Speer. En un memorándum del 11 de noviembre de 1934, dirigido a Hitler, intitulado “Aleaciones en la producción de armamentos y la importancia de las importaciones de cromo de los Balcanes y de Turquía”, Speer muestra la naturaleza de un predicamento para el cual no había “solución” como la que ofrecía, aunque fuera sólo parcialmente, el petróleo sintético:
…consecuentemente, el mineral más escaso es el cromo. Esto es especialmente grave ya que el cromo es indispensable a una industria armamentista altamente desarrollada. Si perdiéramos los suministros de Turquía, las reservas de cromo sólo serían suficientes por 5.6 meses. La manufactura de aviones, tanques vehículos motorizados, proyectiles, armazones de tanques, submarinos y casi la gama entera de artículos de artillería cesarían su producción entre uno y tres meses después de este límite, ya que para entonces las reservas en los canales de distribución quedarían exhaustas.

Para fines del primer semestre de 1945 la interrupción del suministro de cromo turco asestó un golpe fatal a toda la industria armamentista, tal y como lo había previsto Speer. “Suponiendo que continuáramos la producción de armamentos” –escribe Speer-,
…la última distribución de cromo a la industria sería hecha el 1 de junio de 1945. Considerando el tiempo requerido por las industrias procesadoras, la producción dependiente del cromo, que significa la producción entera de armamentos, cesará el 1 de enero de 1946.

La caída de Alemania se aceleró por dos acciones de guerra ejecutadas por la URSS y EUA y dirigidas precisamente a paralizar la maquinaria de guerra alemana negándole tanto el combustible sintético como el acceso a los campos petroleros de Ploesti, fuente de más del 50% del petróleo natural consumido por Alemania. En relación con el primer operativo, Speer expresó:
Jamás podré olvidar la fecha 12 de mayo de 1944. Ese día se decidió la guerra tecnológica. Hasta entonces nos la habíamos arreglado para producir aproximadamente tantas armas como las requeridas por las fuerzas armadas, a pesar de sus considerables pérdidas. Pero con el ataque de 935 bombarderos de la Octava fuerza aérea norteamericana sobre varias plantas de combustible en la Alemania central y del este comenzó una nueva era en la guerra aérea. Significó el fin de la producción armamentista alemana. Al día siguiente, junto con los técnicos de la planta de Leuna bombardeada (una planta de carbón hidrogenado), difícilmente nos abrimos camino entre las ruinas y los escombros de sistemas de conducción y tubos. Las plantas químicas eran extremadamente sensibles al bombardeo.

El arquitecto y ministro de armamentos de Hitler se refería al hecho de que aun las prospectivas más optimistas eran incapaces de concebir que la producción pudiera resumirse sino hasta muchas semanas después.
El segundo incidente fue protagonizado por el ejército de la URSS que, luego de haber encerrado a cincuenta divisiones alemanas en la región báltica, penetró hasta Vyborg en Finlandia, destruyó al grupo central del ejército alemán, avanzó unos 650 kilómetros en seis semanas hasta el Vístula, frente a Varsovia, mientras que en el flanco sur inició un ataque el 20 de agosto del mismo año que “resultó en la conquista de Rumania a finales de mes, y con ella de los campos petroleros de Ploesti, la única fuente de petróleo natural de las fuerzas armadas alemanas”.
Bajo la desesperación e impacto de la dependencia estratégica, Hitler lanzó un fallido intento para tomar Antwerp en Bélgica, no sólo para dividir las fuerzas de los aliados, sino especialmente para tomar los depósitos de combustible y nutrir a los tanques y a la fuerza aérea alemana. Con el flujo petrolero interrumpido y con las plantas de producción sintética destruidas, la maquinaria de guerra alemana paralizada se transformó en un vasto conjunto de ruinas inservibles, confirmando la advertencia hecha por Hitler a su estado mayor en enero de 1941 en el sentido de que,“…Rusia puede transformar los campos petroleros rumanos en basura humeante…y la vida misma del Eje depende de esos campos petroleros”.

4. Dependencia estratégica: Alemania, Estados Unidos.
Tanto el sistema industrial-militar alemán, la primera “economía de guerra” cabalmente desarrollada en el siglo XX como su proyecto histórico expresado en un Destino Manifiesto (Lebensraum), resultaron demasiado grandiosos para las capacidades geográficas y demográficas del estado alemán. El desarrollo de una política internacional coercitiva e intervencionista resultó directamente proporcional tanto a la ambición de la clase dominante alemana, como a su agudo estado de “dependencia estratégica”, es decir, de limitaciones materiales. Por esta razón la finalidad dominante de la política exterior alemana fue la de superar las carencias internas (en materia prima estratégica, en población, en territorio) utilizando instrumentos económicos, políticos, psicológicos, sociológicos y finalmente militares. El uso de medios no militares de intervención fue amplio: haciendo recurso a la penetración o la infiltración, la desintegración forzada o la atomización (Zerzetsung), la subversión y la defección, el aparato diplomático-militar alemán logró tomar varios estados de la Europa central que eran de su interés por su fuerza laboral, su infraestructura industrial y sus recursos naturales. En el curso de la experiencia diplomática alemana se desarrollaron brutales técnicas intervencionistas que posteriormente EUA habría de ampliar y financiar extensamente dentro y fuera de América Latina y el Caribe, considerada en su planeación militar y económica como “reserva estratégica”, es decir, fuente además de fuerza de trabajo barata de un amplio espectro de minerales, agua, biodiversidad y de energéticos -gas, petróleo- un asunto nodal por el agotamiento de la reserva petrolera de EUA, que se acelera desde que se detectó a principios de la década de 1970 como lo había previsto, utilizando una innovadora técnica estadística, el geólogo estadounidense M. King Hubbert. Como técnica de guerra política, la infiltración consistió en una penetración deliberada o planificada de ciertos grupos políticos, militares y sociales de un estado dado por parte de agentes y agencias del poder interventor (bajo los efectos de la codicia y la “dependencia estratégica”) con fines de manipulación, es decir, para ampliar su influencia y control en la dinámica política interna del estado a ser intervenido, en asuntos vinculados con concesiones petroleras, gaseras, mineras, acuíferas y forestales. En tanto que tal tipo de penetración es un acto deliberado de “manejo”, usualmente se la encubre bajo el manto del “secreto de seguridad nacional”, mientras que, simultáneamente, se desarrollan capacidades para “negar plausiblemente” su ocurrencia en caso de que la operación fuera descubierta prematuramente. La política exterior nazi hacia Checoslovaquia es un ejemplo claro de esta técnica de “política exterior”, especialmente por su exitosa explotación de vulnerabilidades por las tensiones raciales y étnicas. La utilización de los conflictos entre checos y los eslovacos para dividir el país y facilitar así la intervención y el control sobre las decisiones políticas y económicas de interés a las empresas alemanas fue intensa y extensa, mientras el uso del antisemitismo como fuerza social y política para dividir a la población fue sumamente efectiva, logrando no sólo la polarización interna, sino también la desmoralización, el resentimiento y la amargura.
Después de la guerra fría y del uso del anticomunismo como táctica para proyectar poder policial-militar y económico, Washington utiliza una vasta campaña “anti-crimen” y “anti-narcóticos”, con fines semejantes, un programa de especial intensidad en el México y la Colombia de principios del siglo XXI.
La correspondencia entre la política exterior nazi en Europa central y en la Unión Soviética, y la estadounidense en América Latina, el Caribe en el Oriente Medio y crecientemente en África, se percibe si se tiene en cuenta los rasgos que han caracterizado esas diplomacias, así como el papel preponderante que desempeña la “dependencia estratégica” en ambos casos. Es claro, como se plantea a lo largo de este trabajo, que esta correspondencia no puede ser aprehendida si no es por medio de la generalización y abstracción logradas a partir de acontecimientos concretos. En este plano, en los dos casos, la penetración, la desintegración forzada y la subversión de los estados victimados desembocó usualmente en periodos de control encubierto de las acciones políticas internas o externas de importancia para el poder interventor. Tales acciones incluyen aquellas que afectan los “intereses vitales” del estado interventor (por ejemplo las políticas sobre el manejo del petróleo desde PEMEX); las que impactan la posición de poder relativo del estado victimizado en relación con el agresor y las acciones que inciden en el poder relativo, dentro del estado agredido, de los círculos militares, empresariales, partidos políticos o facciones por medio de las que el estado interventor extiende su influencia y control.
Las operaciones clandestinas de la diplomacia nacionalsocialista alemana y estadounidense pueden verse aisladamente y también se pueden percibir los resultados aislados; pero su naturaleza sólo se aclara cuando esas operaciones se conceptualizan en el contexto de la dinámica del sistema social y en relación con rubros centrales como el relacionado con las políticas que favorecen los intereses empresariales, bancarios, mineros, petroleros, etc, es decir con factores definitorios como el de la “dependencia estratégica”. Por ejemplo, ya desde 1948 quienes decidían en EUA habían dictaminado, por conveniencias y circunstancias cuyo análisis y explicación rebasan la intención de este trabajo , por una parte que el comunismo soviético representaba la más seria amenaza a la seguridad nacional y a la prosperidad estadounidense, mientras que la amenaza externa coincidía plenamente con el desarrollo de mecanismos de intervención militar y no-militar por parte de los EUA para garantizar el acceso de sus empresas a los mercados y, fundamentalmente, a la materia prima del Tercer Mundo. Al respecto cabe recordar que después de la Segunda Guerra Mundial se observó un notable incremento en los precios de la materia prima industrial: no sólo el petróleo sino también cobre, plomo y estaño. Durante los primeros nueve meses de 1947 EUA ya importaban el 31% del manganeso, el 47% de la cromita y el 57% del platino. A principios del siglo XXI los niveles de dependencia estratégica, en la mayoría de los minerales esenciales supera el 85% y en casos cruciales, como se verá adelante, es del 100%. En la década de los setenta, para su funcionamiento anual EUA importaba cuatro mil millones de toneladas métricas de minerales. Esa cifra, que no incluye las importaciones petroleras, se acrecentó de manera incesante.
De acuerdo con Alan Bateman, los últimos años del decenio de 1940 fueron “un punto crucial en la posición a largo plazo de la materia prima para EUA. Es inevitable –recalcaba en 1948-, que EUA tendrá que depender de fuentes extranjeras de minerales”. La utilización de la “guerra política” para lograr acceso seguro a materia prima esencial, como el petróleo en el caso venezolano y mexicano, o el cobre en el de Chile o el estaño, en el de Boliva, etc ad nauseam, fue inaugurada y recibió su más amplia ejemplificación con la serie de acontecimientos auspiciados por EUA a fin de modificar los “obstáculos políticos” que impedían su acceso y su control de los vastos depósitos petroleros de Irán. El derrocamiento de Mohammed Mossadegh, de reconocida posición nacionalista y la restauración de Reza Shah Pahlevi en 1953 se cuenta entre los operativos de desestabilización más “exitosos” de la diplomacia encubierta de EUA por medio de la recién establecida (1947) Agencia Central de inteligencia (CIA).
Los favorecidos por estas operaciones clandestinas, que de paso violan los principios más elementales del derecho internacional, constitucional, mercantil y penal, han sido, indefectiblemente, los grandes intereses monopólicos petroleros, del gas natural, automotrices y bélico-industriales de EUA. Por ejemplo, la operación en Irán tuvo como fin modificar su política nacionalista en relación con el petróleo. Como lo reseña Richard Falk, los beneficiarios inmediatos del derrocamiento de Mossadegh,
…fueron los poderes corporativos multinacionales europeo-estadounidenses. La motivación no aceptada (es inaceptable), pero ampliamente documentada ahora es el grado tan intenso en que la política exterior estadounidense en el Golfo Pérsico reflejó los intereses corporativos. Existía una relación simbiótica entre las corporaciones y el gobierno estadounidense en el Cercano Oriente, en la cual cada una servía de guardián de los intereses del otro.

Hans Tofte, jefe de todas las operaciones clandestinas de la CIA en aquel entonces corrobora el aserto de Falk cuando se ufanó de la operación, mencionando precisamente la “dependencia estratégica” como motivo de fondo. Después de afirmar que Mossadegh era una “marioneta soviética” que había derrocado al Sha “para abrir la puerta a una toma soviética del Irán y su petróleo”, remató la idea diciendo que es
… un petróleo que ahora mantiene a las industrias europeas en funcionamiento y que, incidentalmente, también mantiene un vasto número de automóviles estadounidenses recorriendo nuestras carreteras de costa a costa”.

El programa de asistencia militar de EUA en América Latina, aplicado desde el Comando Sur desde donde también opera a partir de 2008 la Cuarta Flota, -reactivada en 2008 después de 60 años- así como el programa de seguridad pública, el Plan Colombia, la Iniciativa Mérida y la “integración” de México al Comando Norte que opera de Alaska al Suchiate, el Golfo de México y una amplia franja del Océano Pacífico, tiene como fin, -junto a un amplio despliegue de bases militares, la creación de capacidades para la intervención y ocupación de las áreas donde se localizan los recursos naturales del mayor valor estratégico-comercial.
Por medio de la campaña anti-crimen y anti-narcóticos desplegada desde el Departamento de Defensa, la CIA, la Drug Enforcement Administration y la Nacional Security Agency, antes y después de la guerra fría, Washington desarrolló un esquema de guerra política semejante al esquema de Zersetzung o desintegración forzada del nacionalsocialismo. El vínculo entre Zersetzung y dependencia estratégica es crucial ya que consiste en
…el desgarre de la estructura política y social de un estado victimizado hasta que la estructura de la moral nacional se desintegra y el estado es incapaz de resistir una intervención más intensa…La idea de explotar las vulnerabilidades políticas, psicológicas y sociológicas no es nueva, pero no es sino desde la era nazi que esta idea ha logrado aclararse como parte integral de la planificación política y militar; es decir, como parte de los planes de guerra. Ciertamente, el término Zersetzung fue utilizado primero por los nazis para describir sus operaciones-altamente exitosas- de desmoralización en el extranjero, combinadas con otras técnicas de guerra política, incluyendo todo tipo de persuasión, desde la propaganda hasta la violencia más brutal”.

En países latinoamericanos como el Chile de Allende, México y Colombia, las operaciones de guerra política y urbana son utilizadas como técnicas de “desestabilización” y se realizan con la acción combinada de las corporaciones privadas transnacionales de EUA coordinadas por medio de las cámaras de comercio estadounidenses, las burocracias de seguridad nacional con sede en Washington que operan desde las respectivas embajadas y los instrumentos policial-militares desarrollados por medio de los programa respectivos, en nuestros días incluyendo dotaciones especiales para el Plan Colombia y la Iniciativa Mérida en México dedicadas a la adquisición de equipo y adiestramiento militar-policial estadounidense.
Desde el gobierno de James Carter, cuando EUA sufrió un fuerte impacto geoestratégico por haberse comprobado el inicio del agotamiento de su reserva de petróleo convencional y el simultáneo embargo decretado por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) a raíz de la Guerra del Yom Kippur en 1973, la Casa Blanca ordenó una intensificación del Zersetzung y otras operaciones de espionaje con la finalidad de consolidar el control abierto y/o encubierto sobre el proceso de decisiones local en asuntos vitales relacionados con la política petrolera. En estas tareas los programas tanto del Banco Mundial como del Banco Interamericano de Desarrollo se articulan con las del aparato de seguridad nacional. Las dimensiones de la actividad estadounidense de corte diplomilitar, de espionaje y el impulso a esquemas de integración comercial y en materia de seguridad en México, aumentó en proporción al incremento en las estimaciones hechas tanto sobre la reserva petrolera mexicana y el agotamiento de la estadounidense como de otros recursos naturales incluyendo los minerales, el agua y la biodiversidad.

5. México: punta de lanza hacia América Latina.
Aunque se remarca poco en las discusiones suscitadas por la repentina, prematura y riesgosa decisión del gobierno mexicano, bajo Salinas de Gortari, de apresurar la firma de un tratado de libre comercio con EUA, el factor geoestratégico y de seguridad aglutinados en el concepto de “dependencia estratégica” juega un papel imposible de soslayar. La interrelación de los procesos de “integración profunda” con EUA y Canadá, auspiciados desde el Council on Foreign Relations , la adopción de una política económica dirigida hacia afuera, y los aspectos militares y de seguridad impulsan sinergias que afectan la viabilidad del Estado nacional mexicano, situación que adquiere un carácter más complejo y delicado si la atención se enfoca a la región norte de México. Un estudio sobre la dialéctica entre microrregionalización y macroregionalización realizado por el autor con base en análisis ofrecidos por Pablo González Casanova y Robert Cox sobre el contexto (la “globalización neoliberal” experimentada después del fin de la guerra fría) en que ocurren esos procesos, advierte que el juego de fuerzas desatadas por la incautación neoliberal de bienes, empresas e infraestructuras nacionales puede inducir una fragmentación de la “jurisdicción territorial” de la Federación Mexicana.
La vinculación que históricamente ha existido entre los programas militares, de seguridad y las inversiones de los grandes monopolios de EUA en América Latina adquiere mayor peso en momentos en que la potencia norteña enfrenta su “peak oil” y el agravamiento de una crisis de acumulación sin precedentes. De aquí que la proyección de poder militar de EUA hacia áreas donde están localizados los recursos vitales, Oriente Medio, África y América Latina y el Caribe, se ha intensificado . Su propensión a utilizar a América Latina como plataforma de re-lanzamiento, después de su fracaso militar en Irak, no puede desestimarse. Si en el caso alemán la naturaleza parasítica del capitalismo alemán fue intensa, la inclinación fagocítica del actual capitalismo estadounidense en crisis quizá sea mayor. La cada vez más visible disolución del orden de posguerra (Bretton Woods, OTAN, etc con Washington a la cabeza) en varias subunidades con intereses encontrados en aumento, ocurre paralelamente a la creciente incapacidad de la economía estadounidense o cualquier otra, de coordinar el sistema capitalista como un todo y con un perceptible “repliegue” de EUA hacia el hemisferio occidental después de la catástrofe estratégica en Irak, algo semejante a lo ocurrido en los años setenta del siglo pasado después del desplome militar sufrido en Vietnam. Pero en el país sudasiático el revés, que costó millones de vidas, fue táctico. En Irak y Oriente Medio es un descalabro estratégico.
El entusiasmo de republicanos y demócratas de establecer “fortalezas regionales” en América Latina coincide con intentos prácticos y retóricos por socavar a regímenes nacionalistas, en Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador y en cierta medida en Brasil, Argentina y Paraguay, que han distanciado su diplomacia y política económica de los lineamientos estadounidenses encaminados a promover sus intereses privados nacionales y a resolver o al menos mitigar su dependencia estratégica. En esencia la postura de EUA fue sintetizada por Alan Stoga de la firma consultora Kissinger Associates, representante de intereses empresariales, bancarios y de seguridad nacional así:
Por razones estratégicas y comerciales, el futuro de América Latina está en EUA y viceversa...Es necesario empezar a explorar lo que significaría un acuerdo de libre comercio hemisférico…el eje clave es México, Estados Unidos y Canadá. Si este acuerdo trilateral de libre comercio se desarrolla…se empezaría a alentar el desarrollo de relaciones comerciales que a la larga conduciría a una zona comercial hemisférica.

Frente a esta versión estadounidense de una Grossraumwirtschaft hemisférica la soberanía territorial es un aspecto crucial para las naciones latinoamericanas: se trata de la preservación en manos nacionales de los recursos naturales localizados los espacios bajo esas jurisdicciones. La codicia empresarial y la “dependencia estratégica” serían dos pilares centrales en el intento estadounidense por desplegar en América Latina, sea a través de la “guerra anti-terrorista” o anti-narcóticos, las nociones centrales derivadas de la Doctrina Carter y de Doctrina de Seguridad presentada por Bush en Septiembre de 2002 bajo la rúbrica de la Guerra de Auto-defensa Anticipatoria”. La petroguerra contra Irak, una mezcla palpable de codicia y “dependencia estratégica”, se realizó bajo las premisas anidadas en la Doctrina Carter cuando éste, con los vastos recursos petroleros del Golfo Pérsico en la mira, proclamó en enero 23 de 1980 ante el Congreso –y el mundo- que,
Todo intento de una fuerza exterior de controlar el Golfo Pérsico será percibido como un ataque a Estados Unidos. Se utilizarán los medios adecuados, incluyendo el uso de la fuerza, para rechazar este ataque.

Además, según Carter, la presencia del ejército de la URSS en Afganistán “constituía una amenaza” en una región que posee “dos terceras partes de los recursos petroleros exportables del mundo”, localizada “a trescientas millas del océano Índico y el estrecho de Ormuz, una vía marítima por la cual debe transitar una parte esencial de los recursos petroleros del mundo”.
Ese mismo año y bajo el impacto triple, de la “dependencia estratégica” de EUA en el petróleo del Oriente Medio, el embargo petrolero decretado contra EUA por la OPEP en 1973 –con apoyo del Rey Faisal de Arabia Saudita, quien pronto sería asesinado- y el arribo de la reserva petrolera, de EUA desde los inicios de esa década al “techo” de producción, Carter creó en 1980 el núcleo del Comando Central, cuya “responsabilidad es proteger el flujo petrolero” en esa región. Para tal efecto se destinaron fondos para la creación de un Destacamento Conjunto de Despliegue Rápido en la base aérea de MacDill, “asignándole la responsabilidad de las operaciones de combate en el Golfo”. Tres años después, Ronald Reagan transformó ese Destacamento en el Comando Central.
Así, desde la “doctrina” y la “práctica” Carter enteró al mundo y a sus sucesores, que su país tenía “derecho” al uso de toda medida, incluida la fuerza, para garantizar, sus “intereses vitales”. Y el acceso y “protección” del petróleo del Oriente Medio encabeza la lista de esos “intereses”. Como lo supo Zbigniew Brzezinski, el entonces asesor de seguridad nacional de Carter, aquello fue una réplica de los argumentos y de la práctica de las fuerzas de despliegue rápido (blitzkrieg) nazi para apoderarse de los recursos naturales y humanos que codiciaban los monopolios alemanes en Europa y Rusia.
Con Bush –hijo- la receta para Latinoamérica sería un corolario de la Doctrina Carter conocida como “doctrina de las fronteras flexibles”, que Washington trató de aplicar en marzo de 2008 por medio de un ataque a la soberanía territorial ecuatoriana realizado desde Colombia, pocos días antes de la sesión inaugural, en Brasilia, de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR), cuyo fundamento es, precisamente, la defensa común de la soberanía territorial de los países firmantes. Sin duda, como lo percibe Carlos Gabetta, la agresión colombiana,
…es una prolongación lógica, un paso más de la estrategia estadounidense para la región a través del Plan Colombia. La pretensión de imponer la doctrina de que cualquier país puede incursionar militarmente en otro con la excusa de perseguir insurgentes, supone arrogarse la decisión de cometer cualquier ilegalidad. Pero como aun así Estados Unidos no podría justificar su participación en América Latina, es necesario que además los insurgentes resulten narcotraficantes.

La “doctrina” derivada de la operación contra Ecuador es clara: en la guerra contra el terrorismo o el narcotráfico la “interdependencia en materia de seguridad” estaría por encima de la soberanía territorial. El planteamiento no es nuevo. Henry Hatch, miembro del Estado Mayor del Departamento de Defensa en declaraciones hechas durante su visita a México con motivo de la lectura del Tercer Informe de Gobierno de Salinas de Gortari expresó que,
…la interdependencia en la seguridad, la economía y el medio ambiente han cambiado la noción de soberanía nacional, dictando una nueva era de administración común de los problemas comunes, tanto a México como a Estados Unidos.

El rechazo de las naciones sudamericanas a lo ocurrido el 1 de marzo no se hizo esperar: desde la OEA y luego el Grupo de Río se rechazó la agresión “colombiana” al tiempo que se reafirmó, por medio de UNASUR, la intención de presentar un frente común ante cualquier amenaza a la integridad territorial y el manejo soberano de los recursos naturales localizados en las jurisdicciones nacionales sudamericanas. Esta postura cuestiona, en su raíz, la tendencia histórica de la clase gobernante de EUA de concebir y usar a América Latina y el Caribe como su reserva estratégica. La “narcotización” de las operaciones diplomilitares de EUA por medio de la Iniciativa Mérida en México y el Plan Colombia tiene como objetivo propiciar la ocupación militar en la porción norte y sur de América Latina. En el sur queda claro que por medio del Plan Colombia, EUA se instala política y militarmente “en el corazón de lo que los geólogos van detectando como la más importante cuenca petrolera del mundo, que incluye la enorme reserva venezolana, “con balcón sobre la Amazonia, la mayor reserva vegetal y acuífera del mundo”.

Además de las cañoneras, (Cuarta Flota, Comando Sur y Comando Norte) el recetario oligárquico-imperial incluye “libre” comercio y desregulación financiera y de la inversión extranjera.
Con la excepción de Cuba, desde 1982 se restauran en México y América Latina, desregulación y librecambismo a ultranza, en medio de creciente corrupción, entreguismo y más autoritarismo policial y militar. Con el TLCAN se renuncia al desarrollo retrocediéndose en los frágiles, pero significativos, logros del desarrollo estabilizador. La “compra-venta de México” se realizó en medio de la capitulación por Salinas y Zedillo de la política exterior y de seguridad. Con Fox y Calderón se combina lo económico-empresarial con lo policial-militar, según dos diseños de la Casa Blanca: la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de la América del Norte (ASPAN) y la mencionada Iniciativa Mérida. La ASPAN comporta una integración profunda (saqueo) de recursos naturales, un apartheid laboral y la tajante exclusión de población y legislaturas de la “agenda trinacional”.
Ante el rechazo sudamericano del esquema de integración “hemisférica” auspiciado por EUA, con México y Colombia como principales “socios” comerciales y militares, el aparato empresarial y de seguridad de EUA insiste y trata de revivir el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA). En el tramo final de su mandato Bush, con apoyo del Banco Mundial y el BID, intentó ampliar y “legar” pactos y transas empresariales y policial-militares de ASPAN a América Latina por medio de un engendro dado a conocer el 24 de Septiembre de 2008 como “Caminos hacia la Prosperidad de las Américas”, que la Red Mexicana de Acción frente al Libre Comercio (RMALC) califica como el “Plan B del ALCA”, es decir, un “refrito” del proyecto imperial enterrado por las naciones latinoamericanas en Mar del Plata en 2005 y apoyado por Vicente Fox, el exgerente de Coca Cola que ocupó la presidencia mexicana (2000-2006). Siguiendo los lineamientos sintetizados por Stoga, como el TLCAN y ASPAN, el Plan B contiene: a) “una agenda y acuerdos económico-mercantiles y financieros cubiertos bajo los nombres de competitividad y prosperidad”, y b) “una agenda complementaria de carácter militar y policial de lucha contra el terrorismo, el narcotráfico, la migración ilegal, etc., usando el placebo de la seguridad”.
Bush lanzó la propuesta desde el Consejo de las Américas/Sociedad Americana, con endosos de presidentes y funcionarios de Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Panamá y Perú. Desesperados y decididos a frenar y desactivar coaliciones regionales y de construcción social alternativa como UNASUR, EUA y sus aliados (auténticos unos y bajo coacción o soborno otros) promueven el Plan B, el despliegue de la Cuarta Flota, los Comandos Norte y Sur del Pentágono, con un rosario de bases militares y los dos programas de ocupación territorial en México y Colombia, sustentados en terrorismo de Estado y ejércitos mercenarios (outsourcing militar).
Existe concordancia entre la perspectiva empresarial y militar estadounidense en el sentido de que el acceso y control de los recursos naturales del “hemisferio” resulta asunto crucial, en particular después del desgaste estratégico sufrido en Irak. La “dependencia estratégica” de EUA encabeza su agenda militar hemisférica tanto por lo que se refiere a los abastecimientos de petróleo y gas como de los metales y el resto de los minerales, de la A de aluminio a la Z de zinc.
En un contexto de creciente competencia con otros polos industrializados por esos recursos naturales Washington recurre a un inusitado fortalecimiento de su marina a nivel global, dirigido a intensificar su ya de por sí amplia presencia en los puntos clave de las líneas de comunicación marítimas (LCM) en general, y de las que son fundamentales en relación al hemisferio occidental como un todo, incluyendo las de América Latina. Una presencia naval sobre la región como la que ya se experimentó durante el gobierno de Roosevelt durante la Segunda Guerra Mundial: después de todo, exceptuando el arrastre terrestre y los oleoductos entre EUA y sus dos vecinos, las crecientes importaciones petroleras y minerales , tanto de México y Canadá como del resto del mundo que requiere el funcionamiento del aparato industrial estadounidense se realizan por la vía marítima. De ahí el ascenso del almirantazgo en el escalafón del Pentágono : un indicio del reforzamiento de su marina, que posee nueve portaaviones nucleares y tres convencionales, que transportan hasta ochenta aviones o helicópteros y grandes contingentes de soldados, marinos y pilotos:

Alrededor de estos gigantescos buques gravitan cruceros, destructores, submarinos a menudo autodirigidos y equipados con misiles. La marina estadounidense vigila en bases diseminadas en la superficie del globo y patrulla las principales rutas marítimas. Es la espina dorsal, el torrente sanguíneo de una nueva clase de imperio. Los barcos transportan a los aviones, que son los principales proveedores de soldados, material y provisiones. Tanto en Washington como en el Pentágono, la navy adquirió recientemente mayor importancia que los ejércitos de tierra y aire.

Leonard G. Gaston indica que desde 1980 el General Alton D. Slay, entonces a cargo del Comando del Sistemas de la Fuerza Aérea, advirtió al Congreso que no sólo se presentaban “serios problemas” con la “dependencia de las importaciones petroleras” por parte de EUA sino con la carencia de al menos cuarenta minerales, “esenciales para una defensa adecuada y una economía fuerte”. En ese entonces, recordó Alton, EUA importaba más de la mitad de al menos veinte minerales “esenciales”. Los estudios del Naval War College apuntan desde hace tiempo que no sólo en tiempos de guerra o de crisis y “emergencia nacional” le será necesario a EUA “minimizar” su dependencia de suministros petroleros y minerales localizados “fuera” del hemisferio occidental, sino también en “tiempos de paz”. Las propuestas planteadas en investigaciones sobre la “dependencia y vulnerabilidad” que acarrea la importación de materia prima adquirida de fuentes “fuera del continente americano” y definida como “estratégica y esencial”, plantean la conveniencia de que las vetas de estos minerales “puedan ser substituidas por fuentes latinoamericanas, incluyendo el Caribe, América Central y Sur América” . Estudios más recientes del Mineral Information Institute ofrecen listados sobre la creciente falta de autosuficiencia de EUA en materiales prioritarios que debe importar al 100 %, entre ellos arsénico, columbo, grafito (estratégico), manganeso, mica, estroncio, talantium, ytrium. EUA también es deficitario al 99% de la bauxita y alúmina; 98% de piedras preciosas; 95% de diamantes industriales y asbestos; 94% del tungsteno; 91% del grupo de metales del platino; 84% del estaño; 79% del cobalto; 75% del cromo; 66% del níquel, etc. A este predicamento de aguda “dependencia estratégica” mineral se agrega, como ya se indicó, la más crucial de todas: el déficit petrolero y de gas natural.
“De acuerdo con el Departamento de Energía”, dice la versión no-clasificada del documento United States Command Strategy 2016 presentado por el Comando Sur del Pentágono,
…tres naciones, Canadá, México y Venezuela, forman parte del grupo de los cuatro principales suministradores de energía a EUA, los tres localizados dentro del hemisferio occidental. De acuerdo con la Coalition for Affordable and Reliable Energy, en las próximas dos décadas EUA requerirá 31% más producción de petróleo y 62% más de gas natural, y América Latina se está transformando en un líder mundial energético con sus vastas reservas petroleras y de producción de gas y petróleo.

Ciudad Universitaria, México D.F. Enero de 2009.
Fuentes Disponibles en saxe@servidor.unam.mx